Una voz en mi cabeza
   
 
  Los bebès suicidas -- 12 de sep de 2010

El suicidio de un bebé,
el cordón umbilical
enrollado en su garganta
fina y tierna,
sin palabras,
todo huele a nuevo,
todo sabe a desesperación,
y si cada cosa
empezase por su final,
si naciésemos viejos,
tristes, cansados de la vida,
sin amor,
y pudiésemos comenzarlo
todo, acabándolo,
despedirnos para conocernos,
odiarnos para querernos,
irnos desconociendo,
poco a poco,
dejando el tiempo adelante
en lugar de atrás…

Si pudiéramos recuperar
las ilusiones pérdidas,
y cada día saber menos
y jugar más,
ir menguando,
hacernos tan pequeños
como una canica,
empezar nuestros días
en una tumba sucia y fría
y acabarlos entre entrañas
cálidas y mullidas…

Imagina recuperar
a las personas que te dejaron,
imagina regresar todas 
las lágrimas al mar,
imagina deshacer todo
el dolor que has sentido…
Ver cada día un mundo
mucho más limpio,
mucho más sencillo,
mucho más nuevo,
verlo todo más grande…
Imagina no sentir
melancolía, tristeza,
no tener recuerdos,
recuperar la inocencia,
necesitar cada día
un poco menos.
Imagina un mundo
donde no naciesen
bebés muertos.






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