Una voz en mi cabeza
   
 
  Espejo -- 14 de Nov

No hay nada de orgullo en la vejez. Nada de paz. Nada de honor. Nada de decencia. No quiero ver mi carne resbalar sobre mi esqueleto, asfixiada por el oxígeno, arrastrada por la gravedad, quemada por el sol, congelada por los halos de una luna enferma…

El espejo conoce la pausa de un aire inquieto. La verdad de mis facciones.

La distorsión de un espejo frente a otro.

Las cuencas de mis ojos derretidas, colgando frente al vacío de una mente llena de hormigueros.

Masa cerebral cayendo por mis oídos.

Paredes blancas vacías. La paz me atenaza, las articulaciones se han convertido en el cemento oxidado de las bisagras que sostienen el tejado entre hilos de cobre.

Seda en la cama.

Gusanos bajo el colchón.

He aprendido a hacerme amigo de la muerte. Ahora llama antes de entrar en esta habitación. Hasta que se quede para siempre.

Sobre mi mesa, sobre mi almohada. Sobre el reloj, el reloj detenido siempre en el segundo antes de que la aguja se caiga…

Tengo una maleta sin nada, no sé cuánto durará este viaje, no puedo reconocerme frente a mí mismo. Tan débil. Mi voz ya solo quiebra con el sonido que tú dejaste vibrando dentro de ella.

Atrapé las plumas de mil cuervos pensando en escribir con ellas algo que dejase un sentido. Su mierda es ahora el sabor de mi boca.

Sigo vivo, aún tengo reflejo. Estoy vivo. Tus lágrimas han estropeado mi teléfono. Sigo vivo.

Quisiera ser la muerte para guardar en mi piel el calor de tu último aliento.

Sigo vivo sobre la superficie del espejo. De este espejo. De este ahora.

Denso como un barro transparente.

Semen.






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