Una voz en mi cabeza
   
 
  Bala -- 17 de Abril de 2010

-Me duele la cabeza.
-No empieces otra vez.
-¿Por qué? Sabes que es cierto.
-No, no lo es, son tus tonterías, tus locuras.
-Mis locuras…

Se llevó medio cigarrillo a los labios, inspiró el cáncer y lo soltó por la nariz.

-Mira, soy un dragón
-Ya…

Rió para sí mismo.

-Un dragón muy sexy.
-Siempre dices lo mismo.
-¿Acaso no es verdad?
-No sé yo…
-Bah, tu qué sabrás cara de nabo.
-Tú sí que tienes cara de nabo.

La colilla cayó encendida sobre el césped, ambos sostuvieron un silencio incómodo durante un rato. Aquel parque siempre había sido un refugio alejado del mundo que tanto odiaba.

-¿Por qué no me crees?
-Te he dicho que no empieces otra vez.
-Solo, solo quiero oírlo, en serio, por qué no me crees.
-Es imposible que tengas eso metido en la cabeza, lo recordarías...
-¿Y si he bloqueado ese recuerdo?
-¿Y tus padres? ¿Tu familia? ¿También has bloqueado las heridas? Venga ya.
-Toca aquí.

Cogió su mano y la puso en su propia frente.

-¿Ves? ¿Lo notas?
-Yo no noto nada.
-Aquí, justo aquí.
-Por favor, eso puede ser de cualquier cosa.
-De cualquier cosa…

Rió otra vez.

-No quieres afrontar la verdad, como no quieres afrontar que tienes cara de pito.
-Cállate de una puta vez.
-¿Y si te lo demuestro?
-¿Cómo me lo vas a demostrar?

Se agachó sobre la mochila y rebuscó hasta que pareció haber encontrado algo.

-¿Y si te lo demuestro? ¿Qué me das?
-Puff, si me demuestras eso te doy lo que me pidas.
-¿Cualquier, cualquier cosa?
-¡No seas guarro!
-¡Pero si no he dicho nada!
-Venga ya, si solo hay que mirarte la cara…

Atrajo su cabeza sujetándola desde la parte de atrás del cuello.

-Me miras con miedo…
-¿Cómo te voy a mirar con miedo a estas alturas?
-No lo sé…

Le puso el revólver plateado en la mano mientras le miraba fijamente a los ojos.

-¿De dónde has sacado esto?
-Eso no importa, ¿Qué me vas a pedir si me equivoco?
-Estás loco.
-Por ti.
-Venga ya mongolo.
-¿Qué me vas a pedir?
-No está cargada, ¿Verdad?
-No.

Abrió el tambor y le mostró los huecos vacíos sin balas. Ella seguía en tensión.

-Sé que ya no te importo…
-No digas más tonterías.

Tomó su muñeca y la colocó a la altura de su propia frente.

-¿Qué haces joder?
-Espera.

Cogió otro cigarrillo y se lo puso en los labios. Lo encendió protegiéndose de la brisa contra su hombro.

-Queda romántico el cigarrillo.
-¿Qué quieres hacer?

Temblaba de miedo.

-Si está en mi cabeza saldrá disparada cuando me apuntes.
-Pero… Qué…
-Son mis tonterías… ¿Recuerdas?

Apretó la frente contra el cañón.

-Dispárame.
-No.
-No está cargada, dispárame.
-N… No
-¡QUE ME DISPARES COÑO, VUÉLAME LA CABEZA!

Clic.

-Ves gilipollas, cabrón, no ha pasado nada… hijo de puta…
-No has apuntado bien.
-Vete a la mierda cabrón.
-Hazlo y no volveré a sacar el tema nunca más. Apunta bien.

Volvió a colocar su frente contra el cañón. Tenía la cara mojada
de ira y miedo.

-Justo ahí.
-No tienes una bala en la cabeza.
-Mejor para ti, así podrás pedirme lo que quieras.
-Me voy a vengar de esto…

Presionó el gatillo.

Bang.

Qué fácil había sido.

La bala rugía hacia el infinito fuera de su cabeza.

Qué alivio… Tenía la sensación de que le habían quitado una espina que llevaba ahí clavada toda su vida.

Hasta las copas más altas de los árboles estaban cargadas de gotas de sangre.






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